El Cristo Crucificado
de Fernández aparece siempre expirado y constituye una serie muy
abundante. En los últimos años la nota patética se acrecienta, con
cuerpos delgadísimos, amoratados y sangrantes, pero de virtuosa talla.
Destacan el Crucificado de la Iglesia de San Benito de Valladolid y el Cristo de la Luz de la Capilla de la Universidad de Valladolid.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Comparación Cristo crucificado y Cristo yacente
El Tributo
El Tributo se ubica en el compartimento superior del lateral izquierdo de la capilla Brancacci.
Se narra la llegada de Jesús con sus apóstoles a Cafarnaum, recogida en
el Evangelio según San Mateo, en tres episodios dentro de la misma
composición: en el centro contemplamos al recaudador solicitando el
tributo a Cristo y éste indicando a Pedro que en el agua encontrará el
dinero; en el fondo, a la izquierda, observamos a san Pedro sacando una
moneda de la boca de un pez; y en la derecha el pago del tributo ante
una construcción. Las figuras del grupo principal se sitúan en un
paisaje, formando casi un círculo y vestidas a la manera griega. Su
monumentalismo está inspirado en las estatuas clásicas y en las obras de
Donatello por las que Masaccio sentía especial admiración. Conviene
destacar la expresividad de los rostros, que aportan una tremenda
sensación de realismo, reforzada por los gestos. Al ubicar al recaudador
de espaldas, el maestro intenta involucrarnos en la escena y hacernos
partícipes del episodio. La luz inunda la composición, resaltando los
colores empleados -que también sirven para dar efecto de perspectiva a
la obra colocando los más cálidos en primer plano y los más fríos al
fondo- y el efecto volumétrico de los personajes, interesándose Masaccio
por la anatomía, como se observa en las piernas del recaudador mientras
que los apóstoles ocultan sus cuerpos bajo pesadas túnicas. Incluso se
puede afirmar que existe una cierta sensación atmosférica, desdibujando
los contornos de la zona final. La arquitectura de la derecha es aún
algo arcaica pero sirve para obtener perspectiva. Esta obra será de
referencia para pintores de la siguiente generación como Paolo Ucello, Domenico Veneziano o Piero della Francesca.
Respecto al significado que Masaccio pretende transmitir con este
fresco existen diversas interpretaciones; se ha apreciado una referencia
a la reforma tributaria que se produjo en Florencia durante el año
1427, que obligaba a declarar las rentas propias con la introducción del
catastro; también se apuesta por una interpretación relacionada con el
comercio marítimo de Florencia en la escena del hallazgo de la moneda,
en clara alusión a Felice Brancacci, el patrono de la obra; otros
especialistas consideran que se debe parangonar a san Pedro con el papa
Martín V, cuya actividad se enfocó a la consolidación del poder de la
Iglesia, refiriéndose concretamente al principio por el cual la Iglesia
debe obtener el dinero para el pago de impuestos de fuentes ajenas a su
entorno; también se ha planteado la historia como la redención a través
de la Iglesia dentro de un significado eminentemente religioso. La
crítica ha querido ver en la segunda figura de la derecha en el grupo
central un retrato de Felice Brancacci, por lo que sería lógico pensar
que el significado estaría en relación con el comitente.
las hilanderas
La Venus del Espejo
las meninas
La estancia en la que se desarrolla la escena sería el llamado Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid, estancia que tenía una escalera al fondo y que se iluminaba por siete ventanas, aunque Velázquez sólo pinta cinco de ellas al acortar la sala. El Cuarto del Príncipe estaba decorado con pinturas mitológicas, realizadas por Martínez del Mazo copiando originales de Rubens, lienzos que se pueden contemplar al fondo de la estancia.
En la composición, el maestro nos presenta a once personas, todas ellas documentadas, excepto una. La escena está presidida por la infanta Margarita y a su lado se sitúan las meninas María Agustina Sarmiento e Isabel de Velasco. En la izquierda se encuentra Velázquez con sus pinceles, ante un enorme lienzo cuyo bastidor podemos observar. En la derecha se hallan los enanos Mari Bárbola y Nicolasillo Pertusato, este último jugando con un perro de compañía. Tras la infanta observamos a dos personajes más de su pequeña corte: doña Marcela Ulloa y el desconocido guardadamas. Reflejadas en el espejo están las regias efigies de Felipe IV y su segunda esposa, Mariana de Austria. La composición se cierra con la figura del aposentador José Nieto.
Las opiniones sobre qué pinta Velázquez son muy diversas. Soehner, con bastante acierto, considera que el pintor nos muestra una escena de la corte. La infanta Margarita llega, acompañada de su corte, al taller de Velázquez para ver como éste trabaja. Nada más llegar ha pedido agua, por lo que María Sarmiento le ofrece un búcaro con el que paliar su sed. En ese momento, el rey y la reina entran en la estancia, de ahí que algunos personajes detengan su actividad y saluden a sus majestades, como Isabel de Velasco. Esta idea de tránsito se refuerza con la presencia de la figura del aposentador al fondo, cuya misión era abrir las puertas de palacio a los reyes, vestido con capa pero sin espada ni sombrero. La pequeña infanta estaba mirando a Nicolasillo, pero se percata de la presencia de sus regios padres y mira de reojo hacia fuera del cuadro. Marcela Ulloa no se ha dado cuenta de la llegada de los reyes y continúa hablando con el aposentador, al igual que el enano, que sigue jugando con el perro.
Pero el verdadero misterio está en lo que no se ve, en el cuadro que está pintando Velázquez.
Algunos autores piensan que el pintor sevillano está haciendo un retrato del Rey y de su esposa a gran formato, por lo que los monarcas reflejan sus rostros en el espejo.
Carl Justi considera que nos encontramos ante una instantánea de la vida en palacio, una fotografía de cómo se vivía en la corte de Felipe IV.
Ángel del Campo afirma que Velázquez hace en su obra una lectura de la continuidad dinástica. Sus dos conclusiones más interesantes son las siguientes: las cabezas de los personajes de la izquierda y las manchas de los cuadros forman un círculo, símbolo de la perfección. En el centro de ese círculo encontramos el espejo con los rostros de los reyes, lo que asimila la monarquía a la perfección. Si unimos las cabezas de los diferentes personajes se forma la estructura de la constelación llamada Corona Borealis, cuya estrella central se denomina Margarita, igual que la infanta. De esta manera, la continuidad de la monarquía está en la persona de Margarita, en aquellos momentos heredera de la corona. Del Campo se basa para apoyar estas teorías en la gran erudición de Velázquez, quien contaba con una de las bibliotecas más importantes de su tiempo.
Jonathan Brown piensa que este cuadro fue pintado para remarcar la importancia de la pintura como arte liberal, concretamente como la más noble de las artes. Para ello se basa en la estrecha relación entre el pintor y el monarca, incidiendo en la idea de que el lienzo estaba en el despacho de verano del rey, pieza privada a lo que sólo entraban Felipe IV y sus más directos colaboradores.
En cuanto a la técnica con que Velázquez pinta esta obra maestra -considerada por Luca Giordano "la Teología de la Pintura"-, el primer plano está inundado por un potente foco de luz que penetra desde la primera ventana de la derecha. La infanta es el centro del grupo y parece flotar, ya que no vemos sus pies, ocultos en la sombra de su guardainfante. Las figuras de segundo plano quedan en semipenumbra, mientras que en la parte del fondo encontramos un nuevo foco de luz, impactando sobre el aposentador que recorta su silueta sobre la escalera.
La pincelada empleada por Velázquez no puede ser más suelta, trabajando cada uno de los detalles de los vestidos y adornos a base de pinceladas empastadas, que anticipan la pintura impresionista. Predominan las tonalidades plateadas de los vestidos, al tiempo que llama nuestra atención el ritmo marcado por las notas de color rojo que se distribuyen por el lienzo: la Cruz de Santiago, los colores de la paleta de Velázquez, el búcaro, el pañuelo de la infanta y de Isabel de Velasco, para acabar en la mancha roja del traje de Nicolasillo.
Pero lo que verdaderamente nos impacta es la sensación atmosférica creada por el pintor, la llamada perspectiva aérea, que otorga profundidad a la escena a través del aire que rodea a cada uno de los personajes y difumina sus contornos, especialmente las figuras del fondo, que se aprecian con unos perfiles más imprecisos y colores menos intensos. También es interesante la forma de conseguir el efecto espacial, creando la sensación de que la sala se continúa en el lienzo, como si los personajes compartieran el espacio con los espectadores. Como bien dice Carl Justi: "No hay cuadro alguno que nos haga olvidar éste".
La Fragua de Vulcano
Los Borrachos
Felipe IV
Vieja friendo huevos
Velázquez
francisco zurbaran
Esta es la partida de bautismo del famoso pintor, que nació en un pequeño pueblo de Badajoz. Francisco de Zurbarán recibió las aguas bautismales en la iglesia de Nuestra Señora de la Granada en Fuente de Cantos, el día 7 de noviembre. Este manuscrito es también la primera noticia conocida del famoso artista, pues hasta la fecha no ha aparecido ningún legajo donde figure el día de su nacimiento.
Su padre, Luis de Zurbarán, un tendero y comerciante de especias, pide a su amigo el sevillano Pedro Delgueta Rebolledo que introduzca a su hijo en el taller de algún pintor de la ciudad de la Giralda, aunque se sospecha que antes pudo haber estudiado con un discípulo de Luis Morales en Badajoz. Al mes siguiente, en enero de 1614, comienza su aprendizaje, que dura tres años, con Pedro Díaz de Villanueva en Sevilla. El contrato entre ambas partes incluía, además de las clases de pintura, alojamiento y comida.
En este período, es posible que frecuentase el taller de Herrera el viejo y del maestro y futuro suegro de Velázquez, Francisco Pacheco. Zurbarán pudo conocer a Alonso Cano y a Velázquez en dicho taller. Mientras que respecto al primero no se tienen datos de que entablasen ninguna relación en esos años, parece que con Velázquez surgió cierta amistad, incluso se dice que pintaron juntos. El contacto entre ambos se interrumpe cuando en 1617 Zurbarán se establece en el pueblo extremeño de Llerena, cercano a Fuente de Cantos, y se casa en el mes de mayo con una mujer nueve años mayor llamada María Páez de Silices, hija de un zapatero.
A principios del año siguiente nace su primera hija, María. Su segundo hijo, Juan, que también va a ser pintor, nace en julio de 1620 y el tercer y último descendiente de este matrimonio es una niña llamada Isabel Paula, que es bautizada en julio de 1623. Sin embargo, a la par de la buena nueva, el artista pierde a su esposa, posiblemente, a causa del parto.
Felipe IV
Objetivo prioritario de su mandato fue restaurar el poder del trono, que había sufrido una merma considerable en el reinado anterior. Delegó su poder en el poderoso valido conde-duque de Olivares (1621-1643), con el fin de realizar un ambicioso proyecto de reforma que afectaba a buena parte de las instituciones. Su primera labor se centró en la Hacienda, en la que se intentó la recuperación de rentas enajenadas, el control sobre el gasto público, el ordenamiento y estructuración del sistema impositivo, etc. En el ámbito económico, se intentó importar el modelo mercantilista holandés y se presentó el proyecto de la Unión de Armas, cuya finalidad era ordenar y canalizar los recursos provenientes de los territorios periféricos, necesarios para mantener un ejército capaz de hacer frente a los conflictos abiertos y, de paso, establecer la periodicidad y seguridad de las entregas a la Hacienda real. El proyecto de reformas se completó además con las medidas moralizantes propuestas por la Junta de Reforma, entre 1618 y 1622. En 1624 la ideología reformadora se plasmó en el Gran Memorial, cuyas grandes líneas de actuación eran la consecución de una monarquía de corte administrativo, dominada por la eficacia, y la racionalización de las acciones de gobierno, encaminadas ahora hacia el cumplimiento de objetivos y con criterios puramente ejecutivos.
Sin embargo, diversos problemas darán al traste con el proyecto reformador. La cantidad decreciente de oro que llega al puerto de Sevilla entre 1619 y 1621, la oposición de la Cortes a los cambios en los impuestos, la oposición de las regiones a la Unión de Armas y el enfrentamiento de los consejos al Conde-Duque y a sus juntas, todo ello incidió para declarar la primera quiebra de la monarquía en 1627, tras haber conseguido dos grandes victorias militares en 1625 (Bahía y Breda). Además, la intervención en Bohemia en 1618 y la no renovación de la tregua de Amberes (1621), viciaron la política exterior y supusieron un quebradero más de cabeza para el gobierno de Olivares.
La situación se fue tornando de dramática a desastrosa. A pesar del beneficio que en primera instancia supuso la quiebra, por cuanto las primeras medidas - sustitución de los asentistas genoveses por portugueses, súbditos del rey, y deflacción de 1628- dieron su fruto y enjugaron algo el déficit, las medidas y acontecimientos siguientes resultaron nefastos. Así, entre 1621 y 1626 se procedió a acuñar moneda de vellón en exceso; a la carísima intervención en Mantua, siguieron las derrotas de Matanzas (1628), Hertogenbosch (1629) y Pernambuco (1630), con la pérdida de la primera. Las medidas no hicieron sino agravar la situación: la abolición de los millones por parte de Felipe IV y el incremento excesivo del monopolio de la sal en 1631 provocaron la rebelión en Vizcaya (1631-1634); los proyectos de reforma quedaron definitivamente aparcados, instalada la monarquía en un esfuerzo bélico que implicaba a todos los territorios y que consumía los escasos recursos de la Hacienda. En 1635 se inicia la guerra con Francia, un costosísimo conflicto que ahondará la crisis de la monarquía, obligada a recurrir a la venta de regalías y patrimonio de la Corona, al papel sellado (1636), a donativos y valimientos, y a la utilización de las Cortes para aumentar los servicios. La acuciante necesidad de fondos incrementa, además, la presión sobre una nobleza ya endeudada, sobre la que recaerá la leva de tropas y la defensa del reino, mientras que es alejada de la Corte por Olivares.
Si bien el desarrollo de la guerra fue en principio exitoso (Nordlingen, 1634; Fuenterrabía, 1638), las medidas tomadas para sufragarla provocaron las revueltas de catalanes y portugueses (1640) y costaron el puesto a Olivares (1643). En su lugar, se formó un gobierno de emergencia, tutelado por Felipe IV, quien ya no volverá a dar el mismo grado de poder a ningún valido. A pesar del cambio de gobierno, los problemas continúan. La guerra prosigue y con ella la excesiva presión fiscal, que dará lugar a una nueva quiebra en 1647. Las malas cosechas, además, provocarán revueltas en Castilla (1647-52 y 1655-57) y Nápoles (1647). La guerra con Francia se había vuelto insostenible, por lo que se decide un cambio de política (paz de Munster, 1648; paz de los Pirineos, 1659). La caída de Barcelona en 1652 permitirán al rey recuperar parte del prestigio y confianza perdidos y le facultarán para intentar en los últimos años de su reinado la recuperación de Portugal (Elvas, 1658; Vila Viçosa, 1665). Falleció el 17 de septiembre de 1665, dejando tras de sí una monarquía en profunda recesión y crisis y con su autoridad fuertemente cuestionada por nobles, ciudades y regiones.
La Plaza Mayor de Madrid
En el año 1617 Felipe III encargó la finalización de las obras a Juan Gómez de Mora, que las acabaría en 1619. Casi treinta años antes se erigió en su parte norte el primer edificio de la plaza, la Casa de la Panadería, obra de Diego Sillero.
Contaba con estancias para los reyes en la planta principal y venta de
pan en la planta baja. Frente a ella y en la parte sur de la plaza, la Casa Carnicería, para la venta de carne. Ambos edificios singulares han conocido destinos diversos en su historia.
La plaza ha sufrido varios e importantes incendios. El primero de
ellos en 1631, siendo el propio Diego Sillero el encargado de su
reconstrucción. El más importante ocurrió en 1790 y destruyó casi la
mitad de las edificaciones; Juan de Villanueva sería el
encargado de su reconstrucción en este caso. Se procedió al cierre de
las esquinas, abriendo arcadas de acceso y rebajando la altura de sus
casas de cinco a tres alturas. Las obras se prolongaron mucho tiempo,
muriendo Villanueva entre tanto y continuando la reconstrucción sus
discípulos hasta su finalización en 1854.
La plaza ha sido escenario de muchas de las páginas de la historia española, desde las fiestas por la beatificación de San Isidro en 1620 hasta las proclamaciones de reyes, autos de fe o ejecuciones, sin olvidar las fiestas de toros y de cañas.
En 1848, Mesonero Romanos solicitó a Isabel II
la colocación en Plaza Mayor de una estatua ecuestre del rey Felipe
III, que en ese momento estaba en la Casa de Campo y que era obra de Juan de Bolonia y de Pedro Tacca.
La Plaza Mayor también ha sufrido diferentes reformas a lo largo de
los años. La última de ellas aconteció en los años sesenta de la pasada
centuria. Se procedió al cierre del tráfico rodado y se creó un
aparcamiento subterráneo. En 1992 se llevó acabo una nueva decoración de
la fachada de la Casa de la Panadería, obra de Carlos Franco.
Las dimensiones de la Plaza son las siguientes: 129 metros de largo
por 94 metros de ancho. Cierra el rectángulo una casa de tres alturas
con doscientos treinta y siete balcones orientados a la Plaza y con
soportales sostenidos por pilares de granito. Estos soportales han
albergado numerosos comercios tradicionales. Actualmente predominan los
establecimientos de hostelería.
la incredulidad de santo tomas
Caravaggio
Al joven pintor lo encontramos en Roma ya entre los años 1590 y 1592 aproximadamente.
Allí entra, después de pasar por diversas miserias, en el taller de Antiveduto
Grammatica, pintor de noble origen sienes. Posteriormente enferma de malaria,
ingresando en el hospital de la Consolazione y pintando varios cuadros durante
su convalecencia. Una vez recuperado, entra a las ordenes del Caballero de Arpino
como especialista en bodegones y posteriormente a las de Prospero Orsi, siendo
ambos famosos pintores de la Roma de la época.
Sin embargo, la época más importante para Caravaggio se iniciara en 1595 cuando
es acogido bajo la protección del cardenal Francesco Maria del Monte, embajador
de los Medici en Roma. Este cardenal era muy cultivado y amante de las artes,
ostentando también el cargo de Prefecto de la Fabrica de San Pedro del Vaticano.
Este mecenazgo se mantendrá hasta el año 1599 en el que por mediación del cardenal
obtendrá el encargo para decorar la Capilla Contarelli, en San Luis de los Franceses,
trabajo este que le llevara dos años.
Es en estos años, entre 1599 y 1600 cuando se produce un cambio en el estilo
de Caravaggio, usando de figuras silueteadas sobre un fondo oscuro y modeladas
por medio del juego entre sombras y luces (claroscuro).
Caravaggio vivirá en Roma, protagonizando diversos incidentes y trifulcas, hasta
el año 1606 en el que da muerte a Rannuccio Tommasoni en una reyerta causada
por un juego de pelota. Tiene que huir de la justicia, refugiándose en los dominios
del príncipe Marzio Colonna, donde se recupera de las heridas recibidas en la
pelea.
Una vez recuperado, Caravaggio se traslada a Nápoles, bajo la autoridad de los
reyes españoles, recibiendo allí numerosos encargos. Mientras tanto, en Roma
sus mecenas y protectores realizan numerosas gestiones para obtener el indulto
del pintor. En el año 1608 Caravaggio se dirige a Malta en busca del apoyo del
Gran Maestre de la Orden de los Caballeros de Malta, Alof de Wignacourt, al
cual retrata, y realizando también diversos encargos. A sí es nombrado Caballero
honorario de la Orden de San Juan. Sin embargo, es encarcelado por una disputa
de honor con otro caballero, teniendo que huir de la isla.
Así se dirige a Sicilia, donde trabaja en Siracusa, Mesina y Palermo. Caravaggio
desea retornar a Roma donde se encuentran sus mayores protectores y mecenas,
abogando Scipione Borghese en pro de su indulto. Con esta esperanza se traslada
a Nápoles en 1609 y allí es atacado por unos sicarios, probablemente contratados
por los caballeros de Malta, que le dan una gran paliza y desfiguran la cara
de un tajo.
En el año 1610, cercano ya el indulto, inicia su traslado hacia Roma estableciéndose
en Porto Ercole, lindante con los Estados Pontificios, con la intención de cruzar
la frontera tan pronto como éste le fuera concedido. Sin embargo, allí enfermaría
de malaria, muriendo de esta cuando ya se encontraba indultado por el papa.
Conversión de San Pablo
Cena de Emaús
EL RAPTO DE PROSERPINA
El rapto de Proserpina
es una escultura de Gian Lorenzo Bernini realizada en 1622. Está en la
Galería Borghese de Roma. Pertenece a la primera etapa del gran maestro
napolitano, que trabajó al servicio de la corte papal como escultor,
pintor y arquitecto durante la mayor parte del siglo XVII. Bernini fue
uno de los mejores intérpretes de esa estética teatral, dinámica,
grandiosa y naturalista característica del Barroco italiano, que
desarrolló en numerosas obras tanto religiosas como mitológicas. A este
último género pertenece El rapto de Proserpina, que representa en una agitada composición este conocido mito grecorromano. 

El término griego mithos quiere decir "ficción, cuento" y se opone a logos,
que significa "palabra, razón". Los antiguos griegos utilizaban los
mitos cuando querían referirse a relatos ejemplarizantes que habían
llegado a ellos de manera anónima, provenientes de una fuente remota y
de una época muy lejana. Desde un punto de vista antropológico, los
mitos no son sólo fábulas o supersticiones, son intentos imaginativos de
resolver los misterios de la vida y del universo, a los que una
sociedad recurre cuando no sabe explicar las cosas desde un punto de
vista enteramente racional o científico. La mayoría de los mitos
indoeuropeos se originaron en historias simbólicas o alegorías que
personificaban determinados fenómenos naturales como el día, la noche,
el paso del tiempo, la vida y la muerte, etc.
La
historia de Proserpina (Perséfone, en griego) es un ejemplo muy
ilustrativo de esto. Proserpina era la hija de Júpiter y Ceres, la diosa
de la agricultura, y fue raptada por Plutón, que se la llevó al
inframundo para hacerla su esposa. Entonces Ceres, desesperada de dolor,
desatendió los cultivos y se lanzó a la búsqueda de su hija. Atendiendo
a las quejas de los hombres y de los dioses, que no tenían la comida ni
los sacrificios necesarios por el descuido de los campos, Júpiter
permitió a Proserpina regresar al Monte Olimpo con la condición de que
cada año se quedara junto a su esposo en el inframundo durante tres
meses. Así, cuando Ceres y su hija estaban juntas, la tierra florecía y
daba buenas cosechas, pero durante los tres meses que Proserpina
permanecía en los infiernos, la tierra se convertía en un erial estéril.
Esta historia simbólica servía a los antiguos griegos y romanos para
explicar los cambios de estación y los ciclos naturales del campo.
La interpretación
que hace Bernini de este tema mitológico, no obstante, está muy alejada
de la trascendencia y la ejemplaridad que se le suponen. Bernini ha
convertido a Plutón en un vulgar secuestrador con la barba y el pelo
revueltos, aunque esté coronado como rey de los infiernos, mientras que
Proserpina intenta zafarse
horrorizada de su abrazo. La agonía que expresa el rostro de la muchacha
se contrapone a la procacidad apenas contenida del violador Plutón, que
hunde sus dedos como poderosas tenazas sobre la sensual carne de
Proserpina. Ello se completa con un estudio hiperrrealista de la
anatomía humana en tensión y una composición basada en potentes
diagonales, que expresan magistralmente el conflicto de atracción -
repulsión sostenido por los personajes. Así, todo el conjunto acusa un
fuerte dinamismo tanto físico como dramático.
Esta
forma de acercarse a la mitología clásica es típica del Barroco. En el
siglo XVII los grandes dioses y personajes de la antigüedad fueron
representados protagonizando sus historias fabulosas como si se tratasen
de situaciones de la vida cotidiana. Artistas como Caravaggio, Ribera o
Velázquez gustaron de reducir a estos grandes personajes a la condición
de simples humanos, enfatizando sus cualidades físicas, sus defectos y
sus vicios al igual que cualquier mortal. Es la quintaesencia del
Barroco, un mundo traidor en el que nada es verdad ni es mentira, todo
depende del cristal con que se mira.
martes, 29 de mayo de 2012
apolo y dafne
La escultura de bulto redondo realizada entre 1621 y 1623 en mármol blanco por el escultor barroco italiano Bernini representa al grupo de Apolo y Dafne. Está realizada a tamaño real. En este grupo se representa el mito de Apolo y Dafne.
El dios Apolo ha sido tocado por una flecha de Eros que inunda de amor
al dios por la ninfa Dafne, hijo del dios-río Peneo. Pero este amor no
es correspondido, por lo que Apolo la persigue. La ninfa, viéndose
acosada invoca al dios Peneo, su padre, para que le libere de esa
situación, y este la convierte en laurel ante los atónitos ojos de
Apolo.El tema está tomado de la mitología clásica griega, más en concreto de la Metamorfosis de Ovidio. Por eso el laurel es la planta dedicada a Apolo, y con una corona de estas hojas se coronaba a los vencedores en los juegos griegos.
La obra es profundamente barroca. Las dos figuras forman una línea diagonal muy clara que forman los brazos del dios y de la ninfa; con ello se consigue un espacio abierto, dinámico, que obliga al espectador, si quiere contemplar la obra en su totalidad, a dar la vuelta en torno a ella. La ocupación del espacio tridimensional es manifiesto. También es barroco el representar una obra en el momento mismo en que ocurre la escena, movimiento en acto, frente al movimiento anterior o posterior preferido durante el Renacimiento.
Hay una clara contraposición entre Apolo, con su cara de asombro y perpejidad ante lo que está viendo, y la cara de Dafne, en la que la incredulidad y el horror ante lo que la está sucediendo. Apolo es representando como un joven delgado y andrógino, inspirado en el Apolo Belvedere, obra helenística o copia romana. El distinto tratamiento que da Bernini a la superficie del mármol contribuye a dar mayor realismo y crudeza a la escena.
la fontana de trevi
Antecedentes: De la época clásica al renacimiento
La fuente está situada en el cruce de tres calles (tre vie), marcando el punto final del Aqua Virgo (en italiano Acqua Vergine), uno de los antiguos acueductos que suministraban agua a Roma. En el 19 a. C., supuestamente con la ayuda de una virgen, los técnicos romanos localizaron una fuente de agua pura a sólo 22 km de la ciudad (escena que representada en la actual fachada de la fuente). Esta Aqua Virgo corría por el acueducto más corto de Roma directamente hasta los Baños de Agripa y fue usada durante más de cuatrocientos años. El golpe de gracia a la vida urbana de la Roma clásica tardía fue la rotura de los acueductos por parte de los asediadores godos. Los romanos medievales quedaron reducidos a sacar agua de pozos contaminados y del río Tíber, que también se usaba como cloaca.
La costumbre romana de construir una bella fuente al final de los acueductos que traían agua a la ciudad fue resucitada en el siglo XV, con el Renacimiento. En 1453, el papa Nicolás V terminó de reparar el acueducto Aqua Virgo y construyó una simple pila, diseñada por el arquitecto humanista Leon Battista Alberti, para anunciar la llegada del agua.
La Fontana, símbolo del Barroco
En 1625 el papa Urbano VIII, encontrando la fuente anterior insuficientemente dramática, pidió a Bernini que esbozase posibles renovaciones, pero el proyecto fue abandonado cuando el papa murió. La contribución duradera de Bernini fue cambiar la situación de la fuente al otro lado de la plaza para que quedase frente al Palacio del Quirinal (de forma que el papa también pudiese verla y disfrutarla). Aunque el proyecto de Bernini fue desechado en favor del de Salvi, hay muchos toques del primero en la fuente tal como fue construida. También existe una maqueta anterior llamativa e influyente hecha por Pietro da Cortona.
Los concursos se habían puesto de moda durante el Barroco para rediseñar edificios, fuentes e incluso la Plaza de España. En 1730, el papa Clemente XII organizó un concurso sobre la fuente en el que Nicola Salvi perdió, a pesar de lo cual recibió el encargo. Los trabajos empezaron en 1732 y terminaron en 1762, mucho después de la muerte de Clemente, cuando el Neptuno de Pietro Bracci fue situado en el nicho central. Las estatuas de Abundancia y Salubridad, en los dos nichos laterales fueron esculpidas por Filippo Della Valle.
Salvi murió en 1751, con su obra a medio terminar, pero antes se aseguró de que la fea firma de un barbero testarudo no estropease el conjunto, escondiéndola tras una vasija esculpida. La Fontana de Trevi fue terminada en 1762 por Giuseppe Pannini, quien sustituyó las suaves alegorías presentes por esculturas planas de Agripa y Trivia, la diosa romana.
El éxtasis de Santa Teresa
El grupo -que no puede extrapolarse del conjunto de la capilla, de la que constituye el núcleo de máxima tensión- es en sí mismo una de las más exquisitas esculturas de la historia del arte, insuperable en su interpretación del éxtasis como turbamiento espiritual y sensual a un tiempo, pero también por su alto virtuosismo técnico. Las palabras con las que la Santa describe su experiencia en el "Libro de su vida" encuentran en Bernini al más extraordinario de los traductores por su rara capacidad de fundir tensión espiritual y carga emotiva y sensual, los componentes básicos de la religiosidad barroca, gracias a un conocimiento exhaustivo de las posibilidades expresivas de los materiales y a un dominio insólito de los procedimientos.
David escultura de Bernini
"David" - Bernini
Obra escultórica de Bernini,
perteneciente al arte barroco italiano del siglo XVII. Escultura hecha
en mármol a tamaño real, y situado en la Galería Borghese, en Roma
(Italia)
Es una obra impresionante en la
que se muestra a un David en el momento de máxima tensión, en el
instante en el que lanza la honda a Goliat. Es típico de la época el
mostrar justo el momento en el que transcurre el instante culmen de la
acción. Nos encontramos con un David adulto con muchas fuerza y gran
potencia muscular.
A diferencia del David de Miguel
Ángel, éste muestra una gran torsión en el cuerpo las líneas diagonales
son predominantes y la expresividad es máxima en toda la composición.
El David de Miguel Ángel situaba la acción en el momento inmediatamente
anterior a la acción, y el David de Donattelo el momento posterior.
Es
importante resaltar algunos detalles como son los dedos de sus pies
agarrotados, lo cual da más sensación de esfuerzo por parte de David.
Los músculos del cuerpo están tensos sin excepción y tiene las piernas
que le estabilizan, estiradas de un modo muy realista a como lo haría
una persona normal. Tenemos a un David desnudo al cual solo le cubre una
tela en la "entrepierna", la tela presenta un juego de pliegues
realista y cuya curvatura le da aún más movimiento a la obra.
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