Conversión de San Pablo
Caravaggio emplea el mismo lenguaje aparentemente vulgar de
la Crucifixión de San Pedro para dar cuenta de uno de los más poéticos
milagros que nos cuenta el propio San Pablo. El joven aún llamado Saulo
era un soldado arrogante perseguidor de los cristianos. Un mediodía, de
camino a otra ciudad, fue derribado del caballo por una poderosa luz, al
tiempo que la voz de Dios le preguntaba "Saulo, ¿por qué me
persigues?". Saulo quedó ciego varios días y milagrosamente recuperó la
vista con los cuidados de la comunidad cristiana. Se convirtió y adoptó
el nombre de Pablo. Caravaggio nos cuenta esta historia de una manera
completamente diferente, bajo la apariencia de lo trivial hasta el punto
de ser tremendamente criticado: en primer lugar, la escena parece tener
lugar en un establo, dadas las asfixiantes dimensiones del marco. El
caballo es un percherón robusto y zafio, inadecuado para el joven
soldado que se supone era Saulo. Y para rematar las paradojas, el
ambiente es nocturno y no el del mediodía descrito en los escritos de
San Pablo. Estos recursos, que vulgarizan la apariencia de la escena,
son empleados con frecuencia por Caravaggio para revelar la presencia
divina en lo cotidiano, e incluso en lo banal. Existen detalles que nos
indican la trascendencia divina de lo que contemplamos, pese a los
elementos groseros. Estos signos de divinidad son varios: el más sutil
es el vacío creado en el centro de la composición, una ausencia que da a
entender otro tipo de presencia, que sería la que ha derribado al
joven. Por otro lado tenemos la luz irreal y masiva que ilumina de lleno
a Saulo, pero no al criado. La mole inmensa del caballo parece venirse
encima del caído, que implora con los brazos abiertos. Los ojos del
muchacho están cerrados, pero su rostro no expresa temor sino que parece
estar absorto en el éxtasis. Siguiendo estas claves, Caravaggio nos
desvela magistralmente la presencia de la divinidad en una escena que
podría ser completamente cotidiana. Siendo, como es, pareja del cuadro
con la Crucifixión de San Pedro, las dimensiones elegidas son iguales
para ambos, así como el tono de la composición, con idénticos sentido
claustrofóbico y gama de colores.
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